


El domingo anterior, como parte del curso “Literatura II”, mis alumn@s de cuarto semestre realizaron un performance. Es cierto que habían montado ya una obra de teatro en escenario formal, pero la dinámica que les plantee para ese día desembocó en un montón de situaciones interesantes.
El performance es una muestra escénica con un importante factor de improvisación, donde la provocación o el asombro, así como el sentido de la estética, juegan un rol principal. En este caso, 80 chic@s disfrazad@s de conej@s “invadieron” amistosamente un centro comercial (Las Américas), regalando monedas de chocolate y flores. Tras su ingreso, se dividieron en cuatro grupos: tres consumieron algo en idéntico número de establecimientos (Sanborns, Liverpool y la gastronómica Plaza San Marcos); el cuarto se congregó entre Cinépolis y el área de comida rápida, para realizar una coreografía infantil (“Soy una taza”, en la versión original del grupo Cantajuego).
El performance es una muestra escénica con un importante factor de improvisación, donde la provocación o el asombro, así como el sentido de la estética, juegan un rol principal. En este caso, 80 chic@s disfrazad@s de conej@s “invadieron” amistosamente un centro comercial (Las Américas), regalando monedas de chocolate y flores. Tras su ingreso, se dividieron en cuatro grupos: tres consumieron algo en idéntico número de establecimientos (Sanborns, Liverpool y la gastronómica Plaza San Marcos); el cuarto se congregó entre Cinépolis y el área de comida rápida, para realizar una coreografía infantil (“Soy una taza”, en la versión original del grupo Cantajuego).
Podría describir las múltiples reacciones de l@s comprador@s (que fueron del asombro a la diversión, pasando por la intriga y el enojo), o el apoyo gozoso e incondicional de papás y de mamás (quizá porque la actividad les permitió recuperar un poco de su hij@-niñ@ que está desapareciendo tras un/a adolescente-volátil). Aquí, sin embargo quiero referirme a otro fenómeno.
Llegué a casa ciertamente agotado, y, tras servirme una copita de merlot, me dispuse a revisar mi cuenta de correo electrónico antes de ir a la cama. Con sorpresa, descubrí que un montón de fotografías y al menos un video del performance circulaban ya en redes sociales.
El lunes, en una de las primeras clases (Metodología de la Investigación, de sexto semestre) y mientras le revisaba los avances de su trabajo final, mi alumno Carlos me preguntó:
–¿Ya vio el video de los conejos en facebook?
–No –le respondí–… Como le comenté a usted y a sus compañeros en una clase pasada, he tratado de mantenerme al margen de esa red...
–Présteme su cel, entonces, y entramos desde mi cuenta…
Así lo hicimos, para mi regocijo…
Quiero decir: l@s estudiantes de contextos urbanos acceden a la tecnología y la usan a velocidades y en formas que nosotr@s, como profesor@s, no sospechamos. Personalmente, me ha fascinado descubrir, a través de sus comentarios (tanto en las redes sociales como en los foros de discusión), su sentido crítico respecto a nuestra labor docente… Y, más importante aún: que, pese a nuestras meteduras de pata, siguen confiando en nosotr@s, creyendo en nuestra capacidad de apoyarl@s, y conservando su buen humor.
Hace unos días, por ejemplo, leí el compendio que, merced a la colaboración abierta, alumn@s y exalumn@s hicieron de frases de profesor@s: aquéllas que repetimos más o en las cuales hemos dado ejemplo de falta de articulación y de coherencia. Algunas resultan ofensivas, pero l@s chic@s igual las celebran; otras muestran la manera inmisericorde en la que l@s maestr@s nos descalificamos mutuamente.
Gracias a Abel, de segundo semestre, un comentario mío, suelto, ha quedado grabado en el ciberespacio (y espero que no para la posteridad): “el golf es la manera más estúpida de jugar a las canicas”.
El lunes, en una de las primeras clases (Metodología de la Investigación, de sexto semestre) y mientras le revisaba los avances de su trabajo final, mi alumno Carlos me preguntó:
–¿Ya vio el video de los conejos en facebook?
–No –le respondí–… Como le comenté a usted y a sus compañeros en una clase pasada, he tratado de mantenerme al margen de esa red...
–Présteme su cel, entonces, y entramos desde mi cuenta…
Así lo hicimos, para mi regocijo…
Quiero decir: l@s estudiantes de contextos urbanos acceden a la tecnología y la usan a velocidades y en formas que nosotr@s, como profesor@s, no sospechamos. Personalmente, me ha fascinado descubrir, a través de sus comentarios (tanto en las redes sociales como en los foros de discusión), su sentido crítico respecto a nuestra labor docente… Y, más importante aún: que, pese a nuestras meteduras de pata, siguen confiando en nosotr@s, creyendo en nuestra capacidad de apoyarl@s, y conservando su buen humor.
Hace unos días, por ejemplo, leí el compendio que, merced a la colaboración abierta, alumn@s y exalumn@s hicieron de frases de profesor@s: aquéllas que repetimos más o en las cuales hemos dado ejemplo de falta de articulación y de coherencia. Algunas resultan ofensivas, pero l@s chic@s igual las celebran; otras muestran la manera inmisericorde en la que l@s maestr@s nos descalificamos mutuamente.
Gracias a Abel, de segundo semestre, un comentario mío, suelto, ha quedado grabado en el ciberespacio (y espero que no para la posteridad): “el golf es la manera más estúpida de jugar a las canicas”.

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