martes, 8 de junio de 2010

De Competencias y Concepciones del Aprendizaje




Al leer las instrucciones del trabajo de la Especialidad para esta semana, me dio la impresión de que, un poco forzadamente, trataban de llevarnos a “reconocer” lo “avanzado” del enfoque por competencias y su vinculación con lo más “alabado” de las concepciones del aprendizaje (¡Ausbel, Bruner, Piaget, cuántos crímenes se cometen en su nombre!).
Lo cierto es que la estructuración del concepto de competencia comenzó en la década de los sesenta, a partir de dos aportaciones:
- la lingüística de Avram Noam Chomsky y
- la psicología conductual de Burrhus Frederic Skinner.
Chomsky propuso el concepto de competencia lingüística como una estructura mental implícita y genéticamente determinada que se ponía en acción mediante el desempeño comunicativo (uso efectivo de la capacidad lingüística en situaciones específicas). Se trata, pues, de un sistema fijo de principios generadores que permite a cada individuo tanto producir una infinidad de frases provistas de sentido en su lengua como (a la inversa) reconocer espontáneamente que una frase que escucha pertenece a esa misma lengua, incluso si es incapaz de decir porqué.
En palabras de Chomsky:
"Linguistic theory is concerned primarily with an ideal speaker-listener, in a completely homogeneous speech-community, who knows its languages perfectly and is unaffected by such grammatically irrelevant conditions as memory limitations, distractions, shifts of attention and interest, and errors (random or characteristic) in applying his knowledge of the language in actual performance" (1965: 3).
Ahora bien, es cierto que Chomsky (1968) rompió con el conductismo skinneriano, pero lo es también que éste siguió influyendo en la concepción inicial de competencia utilizada en la educación.
El programa científico de Skinner, el famoso análisis experimental del comportamiento, centraba su estudio exclusivamente en el comportamiento visible u observable (a diferencia, en cierta medida, de otras variedades de teorías del aprendizaje conductistas incluso anteriores a la suya), negándole todo interés a sus causas internas.
En la filosofía de la mente de Skinner, ésta debe considerarse como una “caja negra” cuyo contenido ha de ignorarse. Por lo tanto, la teoría no sólo es inútil sino que se constituye en estorbo. El comportamiento se analiza únicamente como función de variables ambientales, o para establecer leyes entre aquél y éstas, sin ninguna mediación de entidades mentales o hipotéticas. Representa por lo tanto una licencia para la definición de conceptos y para la elaboración de tipologías con criterios pragmáticos que a la postre son carentes, paradójicamente, hasta de utilidad práctica. Este conductismo es una variedad de ambientalismo particularizado por sus nexos con las filosofías empiristas y positivistas. Una definición de competencia basada en este enfoque tiende a limitarse a la conducta observable y medible y, por ende, coincide formalmente sólo con el aspecto “desempeño” de la concepción de Chomsky.
A partir de estas dos aportaciones, el concepto de competencia comenzó a tener múltiples desarrollos, críticas y reelaboraciones, tanto en la lingüística como en la psicología (conductual y cognitiva) y en la educación. Más aún: las circunstancias históricas y económicas le han servido de detonador: el auge del enfoque se corresponde con una mayor implicación de la sociedad en la educación, la cultura de la calidad, la globalización y la competitividad empresarial.
Para bien y para mal.

Chomsky, N. (1965). Aspects of the Theory of Syntax, Cambridge: MIT Press.
Chomsky, N. (1968). Language and mind. New York: Harcourt, Brace & World.
Skinner, B.F. (1974). About behaviorism. Nueva York: Knopf.

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